Entrevista a Kiko Arguello tras la audiencia con el papa
ROMA, lunes 23 enero 2012 (ZENIT.org).-
Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal, en una entrevista concedida a ZENIT, comenta sus impresiones del encuentro de los miembros del movimiento con Benedicto XVI, lo que supone para este camino eclesial, y sus sueños de nueva evangelización con horizontes como China.
Nos da la bienvenida con su típico modo de ser entusiasta y carismático. Es Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal, quien nos recibe en un hotel a pocos pasos de San Pedro, en una atmósfera casi confidencial, que más parece una conversación que una entrevista. Con la alegría todavía en los ojos y en el corazón por el encuentro con el santo padre en el aula Pablo VI, Kiko concede otra breve entrevista a ZENIT, para dar gracias a Dios por la maravillosa historia que está haciendo con este camino de iniciación cristiana y comentar el evento del viernes.
Comencemos con una pregunta simple: ¿cómo fue el encuentro de esta mañana?
--Kiko Argüello: ¡Fantástica! Ha sido realmente maravilloso el hecho de que hayan sido confirmadas las celebraciones que marcan todas las etapas de la gestación cristiana que el Camino ha construido. Esperábamos este momento y finalmente, la Iglesia ha confirmado el Camino Neocatecumenal como iniciación cristiana, en su doctrina, en las liturgias y en las etapas. Es importantísimo, sobre todo, el hecho de que el papa haya confirmado que las comunidades pueden celebrar las misas dominicales por comunidades. Es un hecho sociológico de gran importancia, que quiere decir que la pequeña comunidad es la salvación para la Nueva Evangelización. La Eucaristía, de hecho, crea y forma la comunidad cristiana, la hace sólida, la une.
¿Y en lo que respecta a la misión ad gentes?
--Kiko Argüello: La misión ad gentes es también una pequeña comunidad en medio de personas completamente paganas o alejadas de la Iglesia. Lo que vemos es que estas personas se sienten atraídas por las “pequeñas comunidades", representadas por las familias en misión, y se sorprenden del amor que muestran a los demás y entre sí. Se dejan catequizar en sus casas y se convierten después, ellos mismos en una pequeña comunidad.
Todo esto, ¿qué riqueza adicional aporta a la Iglesia?
--Kiko Argüello: Podemos decir que estamos comenzando una nueva página en la historia: la nueva evangelización, en medio de una crisis histórica que afecta a toda la sociedad y que se llama secularización. A muchísima gente, no sabemos por qué, le molestan las iglesias; en algunos países, especialmente europeos, se ha llegado incluso a venderlas o cerrarlas. Por eso estoy contento y sorprendido cuando, justamente con estas misiones ad gentes, hay personas que dicen "gracias, porque de lo contrario nunca habría entrado en una iglesia" o dan gracias por "el amor y la acogida" que respiran en las casas de estos hermanos que les acogen. Son muchas, por cierto, las personas que acuden a la catequesis pero no quieren irse: son las once de la noche y todavía no vuelven a casa. Esto sucede también porque la gente en nuestra sociedad se siente muy sola...
El Camino Neocatecumenal sigue dando frutos después de cuarenta años, basta pensar en el gran número de llamadas vocacionales. ¿Qué piensa de estos dones que el Señor hace al Camino y sobre todo a la Iglesia?
--Kiko Argüello: ¿Qué pensar?... que el Señor es muy bueno con nosotros. Realmente doy gracias a Dios, porque a pesar de que hemos tenido y tenemos muchas dificultades y sufrimientos, nunca nos ha abandonado, sino que nos ha apoyado y sostenido siempre. El encuentro con el papa es una prueba de ello.
¿Hacia qué dirección se está moviendo ahora el Camino?
--Kiko Argüello: Hacia la puesta en marcha de una nueva evangelización en el mundo. Estamos mirando hacia nuevos horizontes, por ejemplo, últimamente la Iglesia Ortodoxa se ha mostrado también interesada en nuestro itinerario de fe. Pero sobre todo, creo que debemos prepararnos para China, Vietnam, en suma toda Asia, y tenemos bastantes familias listas para salir en misión hacia el Oriente del mundo.
También se han creado cinco nuevos seminarios para preparar a los jóvenes que vayan a China…
--Kiko Argüello: ¡Exactamente! Preguntamos a veinte mil jóvenes quiénes se sentían llamados a ser sacerdotes y evangelizar en China, y respondieron cinco mil. Ahora estos muchachos serán objeto de discernimiento, preparados, tendremos que ver quién completará los estudios, etcétera. ¡En suma, China, Asia!
Por último, ¿hay algo que quiera decir a todos los que forman parte del Camino Neocatecumenal, y también a todos los cristianos?
--Kiko Argüello: Sí, quiero manifestar un simple deseo: que encuentren Cristo y encuentren, por consiguiente, la vida verdadera que lleva a la vida eterna. Espero que todos se puedan encontrar verdaderamente con Jesucristo, porque El te da su naturaleza y su vida inmortal y esto te cambia completamente la existencia, te ayuda y te prepara.
Por Salvatore Cernuzio
lunes 30 de enero de 2012
martes 27 de diciembre de 2011
Un profundo mensaje nos llega desde la Basílica Vaticana en la celebración de la Natividad del Señor
CIUDAD DEL VATICANO, domingo 25 diciembre 2012 (ZENIT.org).-
Benedicto XVI presidió esta Nochebuena la “Misa del Gallo” en la basílica vaticana, con numerosa asistencia de fieles de todo el mundo. Durante la misma, pronunció una homilía en la que comentó las lecturas litúrgicas de esta solemnidad. Se centró el papa en la espiritualidad de Francisco de Asís a la hora de representar el misterio navideño porque, dijo el papa, “Navidad es Epifanía”.
Una misa solemne que inició recordando la antigua tradición de los albores de la Iglesia de Roma, cuando los cristianos conmemoraban la Navidad en silencio y en el corazón de la noche. Motivo por el cual la celebración partió antes de la misa con el oficio en gregoriano y el canto por un solista del antiguo texto de la Kalenda.
Benedicto XVI se desplazó por la basílica en una plataforma móvil, precedido por el cortejo de los cardenales, y después de incensar el altar de la confesión, situado en cima de la sepultura del apostol Pedro, la misa fue celebrada en medio de un crescendo de luz y sonido, que en el Gloria in Excelsis y en la consagración trasmitió a los presentes el júbilo de la Navidad.
Los guardias suizos se arrodillaron, el coro de la capilla Sixtina interpretó el Adeste Fideles y los bronces tocaban mientras repicaban las enormes campanas de la basílica.
Tras las lecturas, Benedicto XVI pronunció la homilía, centrada en comentar los textos bíblicos y recalando en una contemplación de la devoción navideña del apóstol de la paz, el “poverello” de Asís, creador de la representación viva del Nacimiento.
El papa dijo estas palabras:
“Queridos hermanos y hermanas: La lectura que acabamos de escuchar, tomada de la Carta de san Pablo Apóstol a Tito, comienza solemnemente con la palabra apparuit, que también encontramos en la lectura de la Misa de la aurora: apparuit – ha aparecido. Esta es una palabra programática, con la cual la Iglesia quiere expresar de manera sintética la esencia de la Navidad. Antes, los hombres habían hablado y creado imágenes humanas de Dios de muchas maneras. Dios mismo había hablado a los hombres de diferentes modos (cf. Hb 1,1: Lectura de la Misa del día).
Pero ahora ha sucedido algo más: Él ha aparecido. Se ha mostrado. Ha salido de la luz inaccesible en la que habita. Él mismo ha venido entre nosotros. Para la Iglesia antigua, esta era la gran alegría de la Navidad: Dios se ha manifestado. Ya no es sólo una idea, algo que se ha de intuir a partir de las palabras. Él «ha aparecido». Pero ahora nos preguntamos: ¿Cómo ha aparecido? ¿Quién es él realmente? La lectura de la Misa de la aurora dice a este respecto: «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre» (Tt 3,4). Para los hombres de la época precristiana, que ante los horrores y las contradicciones del mundo temían que Dios no fuera bueno del todo, sino que podría ser sin duda también cruel y arbitrario, esto era una verdadera «epifanía», la gran luz que se nos ha aparecido: Dios es pura bondad.
Y también hoy, quienes ya no son capaces de reconocer a Dios en la fe se preguntan si el último poder que funda y sostiene el mundo es verdaderamente bueno, o si acaso el mal es tan potente y originario como el bien y lo bello, que en algunos momentos luminosos encontramos en nuestro cosmos. «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre»: ésta es una nueva y consoladora certidumbre que se nos da en Navidad.
En las tres misas de Navidad, la liturgia cita un pasaje del libro del profeta Isaías, que describe más concretamente aún la epifanía que se produjo en Navidad: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva al hombro el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre perpetuo, Príncipe de la paz. Para dilatar el principado con una paz sin límites» (Is 9,5s).
No sabemos si el profeta pensaba con esta palabra en algún niño nacido en su época. Pero parece imposible. Este es el único texto en el Antiguo Testamento en el que se dice de un niño, de un ser humano, que su nombre será Dios fuerte, Padre para siempre. Nos encontramos ante una visión que va, mucho más allá del momento histórico, hacia algo misterioso que pertenece al futuro. Un niño, en toda su debilidad, es Dios poderoso. Un niño, en toda su indigencia y dependencia, es Padre perpetuo. Y la paz será «sin límites». El profeta se había referido antes a esto hablando de «una luz grande» y, a propósito de la paz venidera, había dicho que la vara del opresor, la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre serían pasto del fuego (cf. Is 9,1.3-4).
Dios se ha manifestado. Lo ha hecho como niño. Precisamente así se contrapone a toda violencia y lleva un mensaje que es paz. En este momento en que el mundo está constantemente amenazado por la violencia en muchos lugares y de diversas maneras; en el que siempre hay de nuevo varas del opresor y túnicas ensangrentadas, clamemos al Señor: Tú, el Dios poderoso, has venido como niño y te has mostrado a nosotros como el que nos ama y mediante el cual el amor vencerá. Y nos has hecho comprender que, junto a ti, debemos ser constructores de paz. Amamos tu ser niño, tu no-violencia, pero sufrimos porque la violencia continúa en el mundo, y por eso también te rogamos: Demuestra tu poder, ¡oh Dios! En este nuestro tiempo, en este mundo nuestro, haz que las varas del opresor, las túnicas llenas de sangre y las botas estrepitosas de los soldados sean arrojadas al fuego, de manera que tu paz venza en este mundo nuestro.
La Navidad es Epifanía: la manifestación de Dios y de su gran luz en un niño que ha nacido para nosotros. Nacido en un establo en Belén, no en los palacios de los reyes. Cuando Francisco de Asís celebró la Navidad en Greccio, en 1223, con un buey y una mula y un pesebre con paja, se hizo visible una nueva dimensión del misterio de la Navidad. Francisco de Asís llamó a la Navidad «la fiesta de las fiestas» – más que todas las demás solemnidades – y la celebró con «inefable fervor» (2 Celano, 199: Fonti Francescane, 787). Besaba con gran devoción las imágenes del Niño Jesús y balbuceaba palabras de dulzura como hacen los niños, nos dice Tomás de Celano (ibíd.).
Para la Iglesia antigua, la fiesta de las fiestas era la Pascua: en la resurrección, Cristo había abatido las puertas de la muerte y, de este modo, había cambiado radicalmente el mundo: había creado para el hombre un lugar en Dios mismo. Pues bien, Francisco no ha cambiado, no ha querido cambiar esta jerarquía objetiva de las fiestas, la estructura interna de la fe con su centro en el misterio pascual. Sin embargo, por él y por su manera de creer, ha sucedido algo nuevo: Francisco ha descubierto la humanidad de Jesús con una profundidad completamente nueva. Este ser hombre por parte de Dios se le hizo del todo evidente en el momento en que el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, fue envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
La resurrección presupone la encarnación. El Hijo de Dios como niño, como un verdadero hijo de hombre, es lo que conmovió profundamente el corazón del Santo de Asís, transformando la fe en amor. «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre»: esta frase de san Pablo adquiría así una hondura del todo nueva. En el niño en el establo de Belén, se puede, por decirlo así, tocar a Dios y acariciarlo. De este modo, el año litúrgico ha recibido un segundo centro en una fiesta que es, ante todo, una fiesta del corazón.
Todo eso no tiene nada de sensiblería. Precisamente en la nueva experiencia de la realidad de la humanidad de Jesús se revela el gran misterio de la fe. Francisco amaba a Jesús, al niño, porque en este ser niño se le hizo clara la humildad de Dios. Dios se ha hecho pobre. Su Hijo ha nacido en la pobreza del establo. En el niño Jesús, Dios se ha hecho dependiente, necesitado del amor de personas humanas, a las que ahora puede pedir su amor, nuestro amor.
La Navidad se ha convertido hoy en una fiesta de los comercios, cuyas luces destellantes esconden el misterio de la humildad de Dios, que nos invita a la humildad y a la sencillez. Roguemos al Señor que nos ayude a atravesar con la mirada las fachadas deslumbrantes de este tiempo hasta encontrar detrás de ellas al niño en el establo de Belén, para descubrir así la verdadera alegría y la verdadera luz.
Francisco hacía celebrar la santa Eucaristía sobre el pesebre que estaba entre el buey y la mula (cf. 1 Celano, 85: Fonti, 469). Posteriormente, sobre este pesebre se construyó un altar para que, allí dónde un tiempo los animales comían paja, los hombres pudieran ahora recibir, para la salvación del alma y del cuerpo, la carne del Cordero inmaculado, Jesucristo, como relata Celano (cf. 1 Celano, 87: Fonti, 471). En la Noche santa de Greccio, Francisco cantaba personalmente en cuanto diácono con voz sonora el Evangelio de Navidad. Gracias a los espléndidos cantos navideños de los frailes, la celebración parecía toda una explosión de alegría (cf. 1 Celano, 85 y 86: Fonti, 469 y 470). Precisamente el encuentro con la humildad de Dios se transformaba en alegría: su bondad crea la verdadera fiesta.
Quien quiere entrar hoy en la iglesia de la Natividad de Jesús, en Belén, descubre que el portal, que un tiempo tenía cinco metros y medio de altura, y por el que los emperadores y los califas entraban al edificio, ha sido en gran parte tapiado. Ha quedado solamente una pequeña abertura de un metro y medio. La intención fue probablemente proteger mejor la iglesia contra eventuales asaltos pero, sobre todo, evitar que se entrara a caballo en la casa de Dios. Quien desea entrar en el lugar del nacimiento de Jesús, tiene que inclinarse.
Me parece que en eso se manifiesta una cercanía más profunda, de la cual queremos dejarnos conmover en esta Noche santa: si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón «ilustrada». Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios. Hemos de seguir el camino interior de san Francisco: el camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver. Debemos bajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo así, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones: el Dios que se oculta en la humildad de un niño recién nacido.
Celebremos así la liturgia de esta Noche santa y renunciemos a la obsesión por lo que es material, mensurable y tangible. Dejemos que nos haga sencillos ese Dios que se manifiesta al corazón que se ha hecho sencillo. Y pidamos también en esta hora ante todo por cuantos tienen que vivir la Navidad en la pobreza, en el dolor, en la condición de emigrantes, para que aparezca ante ellos un rayo de la bondad de Dios; para que les llegue a ellos y a nosotros esa bondad que Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo, ha querido traer al mundo. Amén”.
Benedicto XVI presidió esta Nochebuena la “Misa del Gallo” en la basílica vaticana, con numerosa asistencia de fieles de todo el mundo. Durante la misma, pronunció una homilía en la que comentó las lecturas litúrgicas de esta solemnidad. Se centró el papa en la espiritualidad de Francisco de Asís a la hora de representar el misterio navideño porque, dijo el papa, “Navidad es Epifanía”.
Una misa solemne que inició recordando la antigua tradición de los albores de la Iglesia de Roma, cuando los cristianos conmemoraban la Navidad en silencio y en el corazón de la noche. Motivo por el cual la celebración partió antes de la misa con el oficio en gregoriano y el canto por un solista del antiguo texto de la Kalenda.
Benedicto XVI se desplazó por la basílica en una plataforma móvil, precedido por el cortejo de los cardenales, y después de incensar el altar de la confesión, situado en cima de la sepultura del apostol Pedro, la misa fue celebrada en medio de un crescendo de luz y sonido, que en el Gloria in Excelsis y en la consagración trasmitió a los presentes el júbilo de la Navidad.
Los guardias suizos se arrodillaron, el coro de la capilla Sixtina interpretó el Adeste Fideles y los bronces tocaban mientras repicaban las enormes campanas de la basílica.
Tras las lecturas, Benedicto XVI pronunció la homilía, centrada en comentar los textos bíblicos y recalando en una contemplación de la devoción navideña del apóstol de la paz, el “poverello” de Asís, creador de la representación viva del Nacimiento.
El papa dijo estas palabras:
“Queridos hermanos y hermanas: La lectura que acabamos de escuchar, tomada de la Carta de san Pablo Apóstol a Tito, comienza solemnemente con la palabra apparuit, que también encontramos en la lectura de la Misa de la aurora: apparuit – ha aparecido. Esta es una palabra programática, con la cual la Iglesia quiere expresar de manera sintética la esencia de la Navidad. Antes, los hombres habían hablado y creado imágenes humanas de Dios de muchas maneras. Dios mismo había hablado a los hombres de diferentes modos (cf. Hb 1,1: Lectura de la Misa del día).
Pero ahora ha sucedido algo más: Él ha aparecido. Se ha mostrado. Ha salido de la luz inaccesible en la que habita. Él mismo ha venido entre nosotros. Para la Iglesia antigua, esta era la gran alegría de la Navidad: Dios se ha manifestado. Ya no es sólo una idea, algo que se ha de intuir a partir de las palabras. Él «ha aparecido». Pero ahora nos preguntamos: ¿Cómo ha aparecido? ¿Quién es él realmente? La lectura de la Misa de la aurora dice a este respecto: «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre» (Tt 3,4). Para los hombres de la época precristiana, que ante los horrores y las contradicciones del mundo temían que Dios no fuera bueno del todo, sino que podría ser sin duda también cruel y arbitrario, esto era una verdadera «epifanía», la gran luz que se nos ha aparecido: Dios es pura bondad.
Y también hoy, quienes ya no son capaces de reconocer a Dios en la fe se preguntan si el último poder que funda y sostiene el mundo es verdaderamente bueno, o si acaso el mal es tan potente y originario como el bien y lo bello, que en algunos momentos luminosos encontramos en nuestro cosmos. «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre»: ésta es una nueva y consoladora certidumbre que se nos da en Navidad.
En las tres misas de Navidad, la liturgia cita un pasaje del libro del profeta Isaías, que describe más concretamente aún la epifanía que se produjo en Navidad: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva al hombro el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre perpetuo, Príncipe de la paz. Para dilatar el principado con una paz sin límites» (Is 9,5s).
No sabemos si el profeta pensaba con esta palabra en algún niño nacido en su época. Pero parece imposible. Este es el único texto en el Antiguo Testamento en el que se dice de un niño, de un ser humano, que su nombre será Dios fuerte, Padre para siempre. Nos encontramos ante una visión que va, mucho más allá del momento histórico, hacia algo misterioso que pertenece al futuro. Un niño, en toda su debilidad, es Dios poderoso. Un niño, en toda su indigencia y dependencia, es Padre perpetuo. Y la paz será «sin límites». El profeta se había referido antes a esto hablando de «una luz grande» y, a propósito de la paz venidera, había dicho que la vara del opresor, la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre serían pasto del fuego (cf. Is 9,1.3-4).
Dios se ha manifestado. Lo ha hecho como niño. Precisamente así se contrapone a toda violencia y lleva un mensaje que es paz. En este momento en que el mundo está constantemente amenazado por la violencia en muchos lugares y de diversas maneras; en el que siempre hay de nuevo varas del opresor y túnicas ensangrentadas, clamemos al Señor: Tú, el Dios poderoso, has venido como niño y te has mostrado a nosotros como el que nos ama y mediante el cual el amor vencerá. Y nos has hecho comprender que, junto a ti, debemos ser constructores de paz. Amamos tu ser niño, tu no-violencia, pero sufrimos porque la violencia continúa en el mundo, y por eso también te rogamos: Demuestra tu poder, ¡oh Dios! En este nuestro tiempo, en este mundo nuestro, haz que las varas del opresor, las túnicas llenas de sangre y las botas estrepitosas de los soldados sean arrojadas al fuego, de manera que tu paz venza en este mundo nuestro.
La Navidad es Epifanía: la manifestación de Dios y de su gran luz en un niño que ha nacido para nosotros. Nacido en un establo en Belén, no en los palacios de los reyes. Cuando Francisco de Asís celebró la Navidad en Greccio, en 1223, con un buey y una mula y un pesebre con paja, se hizo visible una nueva dimensión del misterio de la Navidad. Francisco de Asís llamó a la Navidad «la fiesta de las fiestas» – más que todas las demás solemnidades – y la celebró con «inefable fervor» (2 Celano, 199: Fonti Francescane, 787). Besaba con gran devoción las imágenes del Niño Jesús y balbuceaba palabras de dulzura como hacen los niños, nos dice Tomás de Celano (ibíd.).
Para la Iglesia antigua, la fiesta de las fiestas era la Pascua: en la resurrección, Cristo había abatido las puertas de la muerte y, de este modo, había cambiado radicalmente el mundo: había creado para el hombre un lugar en Dios mismo. Pues bien, Francisco no ha cambiado, no ha querido cambiar esta jerarquía objetiva de las fiestas, la estructura interna de la fe con su centro en el misterio pascual. Sin embargo, por él y por su manera de creer, ha sucedido algo nuevo: Francisco ha descubierto la humanidad de Jesús con una profundidad completamente nueva. Este ser hombre por parte de Dios se le hizo del todo evidente en el momento en que el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, fue envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
La resurrección presupone la encarnación. El Hijo de Dios como niño, como un verdadero hijo de hombre, es lo que conmovió profundamente el corazón del Santo de Asís, transformando la fe en amor. «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre»: esta frase de san Pablo adquiría así una hondura del todo nueva. En el niño en el establo de Belén, se puede, por decirlo así, tocar a Dios y acariciarlo. De este modo, el año litúrgico ha recibido un segundo centro en una fiesta que es, ante todo, una fiesta del corazón.
Todo eso no tiene nada de sensiblería. Precisamente en la nueva experiencia de la realidad de la humanidad de Jesús se revela el gran misterio de la fe. Francisco amaba a Jesús, al niño, porque en este ser niño se le hizo clara la humildad de Dios. Dios se ha hecho pobre. Su Hijo ha nacido en la pobreza del establo. En el niño Jesús, Dios se ha hecho dependiente, necesitado del amor de personas humanas, a las que ahora puede pedir su amor, nuestro amor.
La Navidad se ha convertido hoy en una fiesta de los comercios, cuyas luces destellantes esconden el misterio de la humildad de Dios, que nos invita a la humildad y a la sencillez. Roguemos al Señor que nos ayude a atravesar con la mirada las fachadas deslumbrantes de este tiempo hasta encontrar detrás de ellas al niño en el establo de Belén, para descubrir así la verdadera alegría y la verdadera luz.
Francisco hacía celebrar la santa Eucaristía sobre el pesebre que estaba entre el buey y la mula (cf. 1 Celano, 85: Fonti, 469). Posteriormente, sobre este pesebre se construyó un altar para que, allí dónde un tiempo los animales comían paja, los hombres pudieran ahora recibir, para la salvación del alma y del cuerpo, la carne del Cordero inmaculado, Jesucristo, como relata Celano (cf. 1 Celano, 87: Fonti, 471). En la Noche santa de Greccio, Francisco cantaba personalmente en cuanto diácono con voz sonora el Evangelio de Navidad. Gracias a los espléndidos cantos navideños de los frailes, la celebración parecía toda una explosión de alegría (cf. 1 Celano, 85 y 86: Fonti, 469 y 470). Precisamente el encuentro con la humildad de Dios se transformaba en alegría: su bondad crea la verdadera fiesta.
Quien quiere entrar hoy en la iglesia de la Natividad de Jesús, en Belén, descubre que el portal, que un tiempo tenía cinco metros y medio de altura, y por el que los emperadores y los califas entraban al edificio, ha sido en gran parte tapiado. Ha quedado solamente una pequeña abertura de un metro y medio. La intención fue probablemente proteger mejor la iglesia contra eventuales asaltos pero, sobre todo, evitar que se entrara a caballo en la casa de Dios. Quien desea entrar en el lugar del nacimiento de Jesús, tiene que inclinarse.
Me parece que en eso se manifiesta una cercanía más profunda, de la cual queremos dejarnos conmover en esta Noche santa: si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón «ilustrada». Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios. Hemos de seguir el camino interior de san Francisco: el camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver. Debemos bajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo así, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones: el Dios que se oculta en la humildad de un niño recién nacido.
Celebremos así la liturgia de esta Noche santa y renunciemos a la obsesión por lo que es material, mensurable y tangible. Dejemos que nos haga sencillos ese Dios que se manifiesta al corazón que se ha hecho sencillo. Y pidamos también en esta hora ante todo por cuantos tienen que vivir la Navidad en la pobreza, en el dolor, en la condición de emigrantes, para que aparezca ante ellos un rayo de la bondad de Dios; para que les llegue a ellos y a nosotros esa bondad que Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo, ha querido traer al mundo. Amén”.
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domingo 18 de diciembre de 2011
¿Se acuerdan cómo empezó la costumbre de hacer un pesebre para Nochebuena??
En la primera de las dos biografías sobre San Francisco de Asís q escribió Tomás de Celano, leemos:
Tres años antes de su muerte y unos quince días antes de la Navidad,San Francisco llamó a su amigo Juan y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno» (1 Cel 84).
Hagamos nuestros pesebres y nuestras reuniones de Navidad en el clima de oración y austeridad que San Francisco nos enseñó.
Buen final del adviento y feliz Navidad para todos!!
Tres años antes de su muerte y unos quince días antes de la Navidad,San Francisco llamó a su amigo Juan y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno» (1 Cel 84).
Hagamos nuestros pesebres y nuestras reuniones de Navidad en el clima de oración y austeridad que San Francisco nos enseñó.
Buen final del adviento y feliz Navidad para todos!!
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sábado 17 de diciembre de 2011
El ambiente metafísico del platonismo medio y el adviento
Disculpen tanto tiempo sin escribir, pero el cierre de las cursadas en ESEADE y en la UCA, los finales y la revisión de una tesis de licenciatura en Filosofía me exigieron más dedicación de la que había previsto (sin contar con la dedicación a la parroquia, a los amigos y a la familia, al taichi...).
Espero q hayan comenzado bien el esperanzado tiempo adviento y lo estén transcurriendo en paz.
Y que lleguemos juntos a celebrar con gozo el aniversario del misterio del nacimiento de Jesús en un clima religioso y sobrenatural (sobre el misterio del embarazo de la Siempre Virgen María ver afiche arriba).
Paso al título de esta entrada:
recién este mes llegaron a mis manos las Actas de las IV Jornadas de Estudio sobre el Pensamiento Patrístico y Medieval (Tucumán, 18-20 de septiembre de 2008).
La edición lleva el mismo título de las IV Jornadas: "A diez años de la encíclica Fides et ratio". Juan José Herrera, Editor. Fue publicada x los dominicos de Tucumán: Editorial UNSTA, Tucumán 2009.
No se si sabían que tmb he incursionado en esos ambientes, y estoy muy contento de que se haya publicado esta contribución, que mira la cuestión de fides et ratio desde la perspectiva del paganismo medioplatónico.
Para la gente vinculada a la UCA, lo publicado es particularmente importante xq destaca q es fruto del curso de Historia de la Metafísica q hace años doy en la carrera de Filosofía, como Adjunto de Metafísica.
Los detalles son muy técnicos, pero los interesados pueden consultar.
Ahora sí, retomemos el clima de adviento, en las primeras vísperas del cuarto domingo.
viernes 2 de diciembre de 2011
Santos Mártires y campeones de la fe
Ciudad del Vaticano, 2 Dic. 11 (AICA)
"Los martyria y los campeones de la fe”, fue el tema de la XVI sesión pública de las academias pontificias, que se celebró este miércoles en el aula magna del palacio San Pío X en Roma, y en el transcurso de la cual se entregó el Premio de las Pontificias Academias que confiere el Santo Padre a jóvenes investigadores, artistas o instituciones que se hayan distinguido en la promoción del humanismo cristiano.
Durante el acto el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado vaticano, leyó el mensaje enviado por Benedicto XVI al cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo para la Cultura y del consejo de coordinación entre las academias.
En el texto el Papa dice que el tema de la sesión ofrece la oportunidad para reflexionar sobre la historicidad del cristianismo y su entrelazarse continuamente con la historia para “transformarla en profundidad gracias a la levadura del Evangelio y de la santidad vivida y testimoniada”.
En este sentido reviste un interés especial la vida de las antiguas comunidades cristianas y, entre los lugares arqueológicos que guardan signos de su presencia, Benedicto XVI destaca Tierra Santa “ámbito por excelencia donde buscar signos históricos de la presencia de Cristo y de la primera comunidad de sus discípulos” y la ciudad de Roma donde sobre todo las catacumbas “atestiguan que la comunidad cristiana, desde los orígenes, exaltaba la figura de los campeones de la fe, como modelo y punto de referencia para los bautizados”.
“Los numerosos monumentos y obras de arte dedicadas a los mártires, documentados por la investigación arqueológica y otras investigaciones, son el resultado de una convicción siempre presente en la comunidad cristiana de ayer como en la de hoy: el Evangelio habla al corazón del ser humano y se comunica sobre todo a través del testimonio vivo de los creyentes”, resalta el pontífice.
“Si observamos con atención –continúa el Papa- el ejemplo de los mártires, de los valientes testigos de la antigüedad cristiana, como de los numerosos testigos de nuestra época, nos damos cuenta de que son personas profundamente libres, libres de compromisos y de lazos egoístas, conscientes de la importancia y la belleza de su vida y, precisamente por eso, capaces de amar a Dios y a los hermanos de forma heroica, trazando la medida alta de la santidad cristiana”.
“También hoy la Iglesia, si quiere hablar al mundo con eficacia, si quiere seguir anunciando fielmente el Evangelio y hacer sentir su presencia amistosa a los hombres y mujeres que viven sintiéndose ‘peregrinos de la verdad y de la paz’, tiene que ser –incluso en los contextos aparentemente más difíciles o indiferentes al anuncio evangélico- testigo de la credibilidad de la fe. Es decir, tiene que ofrecer testimonios concretos y proféticos mediante signos eficaces y transparentes de coherencia, de fidelidad y de amor apasionado e incondicional a Cristo, inseparable de la caridad y del amor por el prójimo”.
“Hoy como ayer la sangre de los mártires, su testimonio tangible y elocuente, toca el corazón del ser humano y lo vuelve fecundo, capaz de que brote de él una vida nueva, de acoger la vida del Resucitado para llevar resurrección y esperanza al mundo”.
"Los martyria y los campeones de la fe”, fue el tema de la XVI sesión pública de las academias pontificias, que se celebró este miércoles en el aula magna del palacio San Pío X en Roma, y en el transcurso de la cual se entregó el Premio de las Pontificias Academias que confiere el Santo Padre a jóvenes investigadores, artistas o instituciones que se hayan distinguido en la promoción del humanismo cristiano.
Durante el acto el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado vaticano, leyó el mensaje enviado por Benedicto XVI al cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo para la Cultura y del consejo de coordinación entre las academias.
En el texto el Papa dice que el tema de la sesión ofrece la oportunidad para reflexionar sobre la historicidad del cristianismo y su entrelazarse continuamente con la historia para “transformarla en profundidad gracias a la levadura del Evangelio y de la santidad vivida y testimoniada”.
En este sentido reviste un interés especial la vida de las antiguas comunidades cristianas y, entre los lugares arqueológicos que guardan signos de su presencia, Benedicto XVI destaca Tierra Santa “ámbito por excelencia donde buscar signos históricos de la presencia de Cristo y de la primera comunidad de sus discípulos” y la ciudad de Roma donde sobre todo las catacumbas “atestiguan que la comunidad cristiana, desde los orígenes, exaltaba la figura de los campeones de la fe, como modelo y punto de referencia para los bautizados”.
“Los numerosos monumentos y obras de arte dedicadas a los mártires, documentados por la investigación arqueológica y otras investigaciones, son el resultado de una convicción siempre presente en la comunidad cristiana de ayer como en la de hoy: el Evangelio habla al corazón del ser humano y se comunica sobre todo a través del testimonio vivo de los creyentes”, resalta el pontífice.
“Si observamos con atención –continúa el Papa- el ejemplo de los mártires, de los valientes testigos de la antigüedad cristiana, como de los numerosos testigos de nuestra época, nos damos cuenta de que son personas profundamente libres, libres de compromisos y de lazos egoístas, conscientes de la importancia y la belleza de su vida y, precisamente por eso, capaces de amar a Dios y a los hermanos de forma heroica, trazando la medida alta de la santidad cristiana”.
“También hoy la Iglesia, si quiere hablar al mundo con eficacia, si quiere seguir anunciando fielmente el Evangelio y hacer sentir su presencia amistosa a los hombres y mujeres que viven sintiéndose ‘peregrinos de la verdad y de la paz’, tiene que ser –incluso en los contextos aparentemente más difíciles o indiferentes al anuncio evangélico- testigo de la credibilidad de la fe. Es decir, tiene que ofrecer testimonios concretos y proféticos mediante signos eficaces y transparentes de coherencia, de fidelidad y de amor apasionado e incondicional a Cristo, inseparable de la caridad y del amor por el prójimo”.
“Hoy como ayer la sangre de los mártires, su testimonio tangible y elocuente, toca el corazón del ser humano y lo vuelve fecundo, capaz de que brote de él una vida nueva, de acoger la vida del Resucitado para llevar resurrección y esperanza al mundo”.
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sábado 5 de noviembre de 2011
domingo 30 de octubre de 2011
Volvió la Revista LA MAGA
De la Revista Digital de leoveoytecuento@yahoo.com.ar tomo estas líneas:
Discreta y elegante, seductora como siempre, actualizada en diseño y contenidos, con 48 páginas de papel de calidad, La Maga será otra vez un faro cultural, en esta segunda etapa, la espera otro desafío: el de la inclusión y consideración de las nuevas formas de comunicación relacionadas con las tecnologías 2.0 y, específicamente, de las redes sociales. Con una página en Facebook y otra en twiter fueron adelantando parte de la grafica que ahora está en las calles.
Para adentrarnos en esta segunda etapa de La Maga, su responsable de prensa, Marina Caldarelli, expresó lo siguiente acerca del semanario:
“Ya desde la tapa, desde el anuncio de estos artículos, queda claro que la multiplicidad de voces es una de las motivaciones de la publicación…Políticamente, lo bueno es que tenemos el espacio para publicar todas las voces y todas las discusiones y los debates. Estamos ofreciendo el espacio. Por ejemplo, en esta tapa, tenemos cuatro posturas diversas que dialogan entre sí”
Y esto se refleja claramente en dos conversaciones, una con Tomás Abraham y otra con Juan Sasturain, en las que hablan de las dificultades del oficio, en dónde estamos parados hoy, y después hay otras dos entrevistas con Jorge Fernández Días y Orlando Barone.
Otros temas que incluye el primer número de La Maga en esta segunda etapa son: una entrevista al Indio Romero, director de la obra La Celebración; un repaso por la carrera de George Harrison antes del estreno del documental sobre él, dirigido por Martin Scorsese; la publicación de relatos de Martín Rejtman a propósito de la reedición del libro Velcro y yo y el análisis de la obra, y una entrevista a Marta Minujín, realizada por una estudiante de segundo año de la TEA.
La Maga (edición completa) está en papel en el archivo de TEA para consultar y para saber que espacio ocupó en la cultura argentina entre los años 1991 y 1997.
La Maga, saldrá a la calle con un valor de tapa de 12 pesos, en las que se mezclarán su clásico blanco y negro con nuevos aportes de color, regresa a TEA donde nació hace 20 años y de donde saldrá su financiamiento. También instaló allí mismo su redacción, que no contará con muchos redactores en principio pero sí con muchos colaboradores de peso.
Datos y contactos:
Tea y Deportea
Lavalle 2083, Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina
Telefax: 4374-7912 / 6751
Teléfono: 4370-6464
Web: http://www.tea.edu/
Facebook: www.facebook.com/RevistaLaMaga
Twitter: twitter.com/revistalamaga
Publicado por Revista Digital en 19.10.11
Discreta y elegante, seductora como siempre, actualizada en diseño y contenidos, con 48 páginas de papel de calidad, La Maga será otra vez un faro cultural, en esta segunda etapa, la espera otro desafío: el de la inclusión y consideración de las nuevas formas de comunicación relacionadas con las tecnologías 2.0 y, específicamente, de las redes sociales. Con una página en Facebook y otra en twiter fueron adelantando parte de la grafica que ahora está en las calles.
Para adentrarnos en esta segunda etapa de La Maga, su responsable de prensa, Marina Caldarelli, expresó lo siguiente acerca del semanario:
“Ya desde la tapa, desde el anuncio de estos artículos, queda claro que la multiplicidad de voces es una de las motivaciones de la publicación…Políticamente, lo bueno es que tenemos el espacio para publicar todas las voces y todas las discusiones y los debates. Estamos ofreciendo el espacio. Por ejemplo, en esta tapa, tenemos cuatro posturas diversas que dialogan entre sí”
Y esto se refleja claramente en dos conversaciones, una con Tomás Abraham y otra con Juan Sasturain, en las que hablan de las dificultades del oficio, en dónde estamos parados hoy, y después hay otras dos entrevistas con Jorge Fernández Días y Orlando Barone.
Otros temas que incluye el primer número de La Maga en esta segunda etapa son: una entrevista al Indio Romero, director de la obra La Celebración; un repaso por la carrera de George Harrison antes del estreno del documental sobre él, dirigido por Martin Scorsese; la publicación de relatos de Martín Rejtman a propósito de la reedición del libro Velcro y yo y el análisis de la obra, y una entrevista a Marta Minujín, realizada por una estudiante de segundo año de la TEA.
La Maga (edición completa) está en papel en el archivo de TEA para consultar y para saber que espacio ocupó en la cultura argentina entre los años 1991 y 1997.
La Maga, saldrá a la calle con un valor de tapa de 12 pesos, en las que se mezclarán su clásico blanco y negro con nuevos aportes de color, regresa a TEA donde nació hace 20 años y de donde saldrá su financiamiento. También instaló allí mismo su redacción, que no contará con muchos redactores en principio pero sí con muchos colaboradores de peso.
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